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Opinión

No se respeta ni la vida

. Veneconomía
08/06/10

Hoy VenEconomía repite y redobla la afirmación que hiciera el 14 de diciembre de 2009: ¡Franklin Brito, un ciudadano digno y luchador por la justicia y la libertad, sintetiza la barbarie de la que es capaz un régimen dictatorial como lo es el de Venezuela!

En aquella oportunidad, el señor Franklin Brito, un biólogo y agricultor venezolano, había sido llevado a la fuerza y violentamente a la sombra de la noche, hasta la sección psiquiátrica del Hospital Militar desde la sede de la OEA en Caracas, donde cumplía su sexta huelga de hambre.

El insistente reclamo del señor Brito ha sido primordialmente que le devuelvan sus tierras, arrebatadas en 2003 por el Instituto Nacional de Tierras (INTI). Ese año, de manera arbitraria y violando la Ley de Tierras, el INTI emitió dos cartas agrarias que abarcaban La Tigrera, el asentamiento campesino propiedad de la familia Brito, ubicado en el Municipio Sucre del Estado Bolívar. Esta medida confiscatoria de los bienes del señor Brito fue un pase de factura del Gobierno, por haber diseñado éste un proyecto para combatir una enfermedad de unos sembradíos de ñame, que contradecía la visión del alcalde del Municipio Sucre, el oficialista Juan Carlos Figarrella. El señor Brito en aquel momento demostró que el modelo que proponía el alcalde Figarrella no era recomendable y se corría el riesgo de malversar los fondos que aportaría la Corporación Venezolana de Guayana para su financiamiento. ¡Qué caro le ha costado contradecir al régimen!

Hace seis meses, cuando el señor Brito era trasladado al Hospital Militar, sus familiares y muchos venezolanos alertaron sobre el riesgo que correría la vida de este ciudadano, a quien se pretendía diagnosticar como demente y encerrarlo en un manicomio. Hoy el riesgo no es que lo declaren loco pues por mucho que quisieron no lo lograron. El riesgo hoy del señor Brito es perder su vida ante la mirada y el silencio homicida del Gobierno.

El señor Brito ha sido mantenido por seis meses contra su voluntad y la de su familia en el Hospital Militar, aislado y con la excusa de velar por su salud.
Sin embargo, a este venezolano se le ha negado la asistencia de médicos de su confianza, incluso incumpliendo las medidas cautelares que dictó al respecto la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Ahora su clamor es porque se le permita ser atendido por médicos de la Cruz Roja Internacional. Su salud está a punto del colapso fatal. Sin embargo, el juez de control, Lenin Fernández, hasta ahora le ha negado este derecho humano.
El señor Brito se muere de mengua, clamando inútilmente que se haga justicia en un país donde la justicia es impartida desde la silla del Presidente.

Como en Cuba y otros regimenes dictatoriales del mundo de ayer y hoy, en la Venezuela dictatorial no hay respeto ni al bien más preciado: la vida.



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